prosa de Otoño

Junté todas las hojas que cayeron en Abril y las palabras que nacieron mientras tanto. Lo seco cobró vida.
Las hojas se cargaron de letras y subí a colgarlas otra vez en aquel árbol para devolverle su favor; para que prendan; para que digan allá arriba; para que el viento las sacuda y lleve lejos; para que algún otoño caigan a tus pies y las desparrames al caminar, sabiendo que todo tiene sentido.
….

*así quedó mi lámpara: llena de hojas dispersas y suspendidas por un tiempo, nuevos textos que escribí y más caracteres.
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pedacitos de mundo (América)

Cientos de sellos en 6 sobres divididos por países. Exploré con ellos distintos contextos y reuní los traspapelados, para abrazar cada grupo con su respectivo continente.
El diseño de estampillas fue abriendo paso y multiplicando sus variantes a través de la historia. En filatelia hay quienes dedican su esfuerzo a series temáticas (hoy también, aunque no se escriba tanto y aunque las estampillas se usen cada vez menos). Pero, creo que es interesante la composición que arroja cada región en su conjunto, que al mismo tiempo es resultado del intercambio cultural entre distintas partes de nuestro globo; cruce de relaciones y vivencias, horas memorables y lugares; sucesos, personas y características propias de cada rincón; identidades que comenzaban a construirse para ser compartidas con el extremo equidistante; sellos y marcas de uso de una tierra que siempre quiso decir.
¿Cómo se ve el sol del otro lado?… el misterio de aquello que se desconoce, pero que también existe; las horas que son las mismas pero distintas… igual que las historias.

sobre 1 *América:

En estos sellos del siglo pasado se conmemoran visitas como la de Frondizi a Bolivia, y se habla de sus presidentes como Germán Busch y Gualberto Villarroel López; Brasil imprime a políticos y escritores como Campos Salles y Ruy Barbosa, también sus frutos como el abacaxi (ananá) y las riquezas de siempre de aquella tierra latinoamericana; Canadá presenta a reyes como Isabel II y Jorge VI del Reino Unido y estampillas con gansos en vuelo como parte de su fauna; Chile habla del centenario de la Biblia en español traducida por Casiodoro de Reina, hace un homenaje a la armada, presenta al cuerpo de bomberos de Santiago y conmemora el nacimiento del escritor Rubén Darío; Colombia cuenta de Jorge Tadeo Lozano; Estados Unidos destaca personalidades como Washington, Lincoln y Roosevelt y entre sus íconos populares: la estatua de la libertad; México vive los juegos olímpicos del 68 y muestra la arquitectura colonial de ciudades como Querétaro; Panamá expone el palacio de las artes; Paraguay presenta a Rubén Dario y Melvin Jones en el centenario de la epopeya nacional; Uruguay destaca a escultores, políticos, a su unidad militar de caballería, 100 años de agua potable en Montevideo, olimpíadas y campeonatos de ciclismo y personalidades como Damaso Antonio Larrañaga: responsable de la fundación de la Biblioteca Nacional y Universidad.
El papel que supieron desempeñar como naciones es también evidente en sus colores, diseño y vivencias.

★ más pedacitos de mundo

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de todos los colores, a vos

Un mensaje me trajo a las letras: y las letras me volvieron a las palabras: y ahora escribo bocetando signos para figurar ideas: y ahora escribo apuntando frases que mudarán en signos: letras de todos los colores que sepan llegar a vos.

foto: @srzalan 🙂
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línea sin fin

El horizonte, aunque lejano, también es firmamento; extensión bajo mis pies.
Es camino que conduce; suelo que antecede a las pisadas.
Línea de llegada que no es término; mas bien marca, que induce a cruzarse de un paso… para ser de nuevo línea.
El horizonte es esperanza, es meta, es arribo y de nuevo inicio; un recomenzar incesante.
Siempre es amanecer. Sólo espejismos de tanto en tanto; sutil división entre el cielo y el abismo.
De este texto, se desdobla una línea que nace con la primer palabra y se propaga hasta el «fin». Y donde ya no queden signos, permanecerá un renglón infinito; será el que asiente las letras de nuestra historia, escrita con el viento y la brisa que nos toquen la piel.

f

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pedacitos de mundo

Una caja de pañuelos finos industria argentina, puede convertirse en un tesoro. Sin desmerecer a los pañuelos (que también habrán tenido su historia que contar) y sin hablar esta vez de la industria, motor del progreso cuando es nacional; hoy me centro en ese estuche.
El diseño de la caja de cartón me remonta a la infancia de mi mamá y mis tíos en el barrio de sol de Llavallol.
Descubro esta caja justo ahora, guardada en un armario de madera, en uno de los cajones que tantas veces habrán usado mis abuelos. Estuvo ahí, a la vista, pero no la había visto hasta hoy. Y entre tantas cosas que compartíamos con mi tío, ésta, apareció cuando él se fue.
Soy de fascinarme por un retazo de cartón, por su diseño, su color amarillento, por las formas de decir del tiempo y todo lo ausente; eso que no tiene índices ni marcas que nos lleven a ninguna parte, pero que se abre en algún lugar del imaginario para remontarnos lejos. Lo que no se ve; el roce de una mano; el uso de las cosas y esa misma caja vinculada a otros, es tan interesante como verdadero, porque se compone de pequeños fragmentos que también supieron formar parte de una vida.
Cajas pequeñas, objetos, cosas… y esa caja de pañuelos, junto a dos antiguos relojes despertadores… hasta hoy adormecidos.
Reviso el exterior y aparecen algunos números; el trazo es de mi abuelo. Quito la tapa, que recorre la totalidad del contenedor, y aparecen las historias; enlazadas; infinitas.
Dentro, seis sobres pequeños que fueron blancos; perfume a papel añejo. Más adentro, centenares de papelitos de colores; pedacitos de mundo. Tanto para ver que, sin pensarlo, volví a guardarlo todo otra vez.

Hoy reanudo aquel momento mientras llueve y el viento arrastra las hojas de otoño allá afuera.
En estos rectángulos de papel se reunieron todos los nombres de países, sus identidades, sus colores, alfabetos e idiomas; todo lo que fueron y lo que habrían de ser; toda su cultura.
Se reunieron con el tiempo, por el ir y venir de las historias en cartas y por la inquietud de mi tío, de atesorar esos sellos… señales de viajes y palabras dichas.
Algunos sobres rotulados a máquina y otros por la mano de mi mamá, dan categoría a cada pieza; en tiempos donde todo el mundo era el propio barrio y sus relaciones; en barrios donde se viajaba sólo por medio de letras y se fabricaban sobres con cola para guardar estampillas. Lo tenían todo.
Por eso, también las figuritas llegaban de aquí y de allá.
Isolina, que escapando del franquismo llegó a la Argentina siendo adolescente, formó su vida a dos casas del “tesoro filatélico”… pero otra parte de ella quedó en España, entonces, tanto por decir a océanos de distancia.
Don Natalio, vecino contiguo, aportaba las de Yugoslavia o Jugoslavija en lengua croata y Југославија en alfabeto cirílico. Él había dejado su tierra para venir con sus padres y hermanos a nuestro país.
Desde el fondo del extenso terreno de huertas, gallinas y huevos (alambrado de por medio) Doña María acercaba las suyas que llegaban desde España.
También Ester, que vivió una vida de espera a casas de distancia. Llegó a saber que las visitas que recibía de chica eran las de su mamá; esa que le daba abrazos enormes; esa que tanto le gustaba. Y desde entonces, el vacío se convirtió en búsqueda y esa búsqueda en medios que permitieran hallarla; un hermano navegante al que esperaba tras cada viaje con noticias de puertos y entre tantas formas, las cartas.
La construcción era colectiva.
Sin contar aquellas de mis abuelos, las que recibían de sus padres y hermanos desde pueblos rurales de Buenos Aires. De no ser por la voz que traían las cartas cada vez que se abrían, la familia permanecía en el silencio de la distancia.

La mesa queda chica, extiendo aquel paño multicolor de países, mundo, historia y me sorprendo con sus tintes brillantes, presentes como el primer día. Días de tantos años atrás, de diseños que fotografiarían sucesos y de impresos que se dividirían en uno, dos, cien y miles de fragmentos por medio de una línea de puntos. Las perforaciones y los distintos métodos de dentado abrían camino a la multiplicación y ahí comenzaba el viaje y también el trabajo minucioso de los coleccionistas.
A mí, me sigue atrapando el diseño, sus movimientos y las historias de todos los colores que representan estos rectángulos diminutos.
Incluso aquellas, las rotas, imperfectas, descoloridas, que no valdrían para la filatelia. Me imagino las inclemencias del tiempo y la manipulación de los hombres en el trayecto; imagino todo por suceder tras la impronta de un matasellos; los mensajes latentes en papeles únicos y necesarios, urgentes; imagino los caminos surcados y los cielos abiertos para que las palabras lleguen… y encuentro en esas estampas un valor todavía más inmenso que aquel, el de la moneda que reflejan. Son signos de las memorias del hombre; de amores; de luchas; de batallas y victorias. Signos de construcción colectiva.
Por eso, permanecían guardadas; por eso, las encuentro justo ahora… en éste, un camino de diseño y letras que se va formando con los años. Por eso, ya estaban ahí… porque al que busca le es dada la facultad de encontrar; un mundo en un pañuelo y la construcción de tantos que continúa.

La gente dice que no vive de recuerdos, yo digo que sí.


★ más pedacitos de mundo

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y la luz fue real.

Un pájaro que canta de noche, no es un pájaro confundido.
Le canta a la luz, esa que otros no ven; a la claridad inmensa de una mañana que inicia; al intervalo de un cielo iluminado que se difunde en todas las direcciones y que cae en partículas de día.
Un pájaro que canta de noche, no es un pájaro confundido.
Responde a una señal, una llamada que revela el principio; algo.
Tal vez sólo haya sido un resplandor; el engañoso y artificial susurro de unos faroles… que lo llamaron con voz de estrella naranja y se apagaron fugaces en el silencio.
Para él fue luz en plena madrugada.
Para él fue despertar.
La sincronía del encuentro, el mismo canto.
Su reloj, su ritmo, el concierto dirigido por el sol, su correo, su melodía.
Fue más de lo que necesitaba.
Y la luz fue real.

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hemisferios

«— Al sur —dijo el capitán.
— Pero —dijo la tripulación— no hay direcciones aquí en el espacio.
— Cuando uno viaja hacia el sol —replicó el capitán—, […] entonces uno va en una única dirección. […]
Pues ahora sólo era el sol y el sol y el sol. El sol era todos los horizontes, todas las direcciones. Quemaba los minutos, los segundos, los relojes de arena, los relojes mecánicos; quemaba el tiempo y la eternidad. Quemaba las pestañas y el suero del mundo oscuro detrás de los párpados, la retina, el oculto cerebro, y quemaba el sueño y los dulces recuerdos del sueño y la frescura del anochecer.[…]
Cuando uno ha hecho un largo, largo viaje hasta el sol, y lo ha tocado y se ha demorado, […] y se ha alejado rápidamente, ¿a dónde va uno entonces? […] ¿a dónde va? […]
— Hay sólo una dirección en el espacio desde aquí […] — El norte —murmuró el capitán—. El norte. […]»
.
*de “Las doradas manzanas del sol”. Ray Bradbury.

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alteraciones

Y ahí está el «29», archivado, escondido. Y los días por seguir vuelven hacia atrás, otra vez, de un salto.
Es que ahí está, «el día que no está listo»; formándose en la espera; aguardando adormecido; desafiando lo oculto; sumando horas para ser en el lugar preciso. 
De tiempos y sus destiempos presupone el hombre, que no entiende de obras completas.
Si hubo un día de batallas en que el sol se detuvo, regalando horas eternas (y una luna obedeció en el cielo).
Si el reloj de Acaz vio desandar la sombra, en señal a un rey de la historia, y fue testigo del día al que se añadió más tiempo.
Si por estos sucesos hay quienes siguen buscando «el día perdido», un extravío cronológico real…
Pienso en los lapsos, períodos, intervalos, que aunque inertes, no dejan de ser sobre las cosas. Hablo de un tiempo que responde al gobierno supremo y puede retroceder en la sombra, o extender su dominio en la noche.
Alteraciones, favor, tiempo que irá y vendrá; y nosotros, en verbos que definirán nuestra existencia.

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letra «f»

f de «florencia» (la ciudad); que los romanos fundaron como «fiorentina», por su latín ‘florecimiento’.
f de las nuevas «formas», que entre tintas y letras, surgieron desde el corazón de la Toscana para expandirse en nuevos tipos de escritura inmortales.
f de todo lo que «florece», de Renacimiento; de lo que nace y vuelve a nacer.
f de «flor», cada una y su conjunto; de todo lo que brota y brilla en la estación del año que prefiero.
f de «floppy disk», (como solía llamarme mi tío) y de todas las variantes en una «familia» de apodos.
f de un nombre que se hizo propio,
f de una «foto» (puede ser esta, o la de aquel «futuro» de mis sueños),
«f», letra del alfabeto para nombrar todas estas cosas y escribir todas las que pronto serán.

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lo eterno

Encontré un libro de formato pequeño, en donde caben promesas gigantes.
Es que lo eterno no se limita, no sabe de dimensiones, no ve como solemos ver.
Sé que lo eterno se posa sobre las cosas; blancas y amarillentas, diminutas y enormes; consistentes y volátiles.
Lo perpetuo vuelve a aparecer una y otra vez con el oleaje.
.
(Recuerdo de mi abuela Matilde).

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