mirar sin ver

Abrir los ojos con los párpados cerrados, 
mirar sin ver.
Los ojos nunca se cierran, 
se ciegan nuestras formas de decir.
Deberíamos asomarnos y abrir otra vez esas ventanas.

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DGCV habla de postales y cartas

Una vez más, DGCV™ comparte una nota en su sitio.
En esta oportunidad, en su sección proyectos destacados, habla sobre la iniciativa de volver al papel y retomar la escritura manual.
De cartas y postales, de palabras y silencios, del decir y de sus formas.

¡Nuevamente gracias DGCV™! 🙂
Se puede visitar acá


Encontré buzones llenos de vacío, y palabras que fluyen hasta llenar el último.
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asterisco*

o un glifo,
o una «estrella pequeña» para los griegos,
(un ateniense podrá decir qué es un «aster»),
o el signo que sobrevivió desde la Edad Media señalando fechas y lugares de nacimiento en árboles genealógicos, por analogía con la estrella de Belén.
o los mismos que un filólogo dejó posar en poemas homéricos al añadir sus correcciones. Penélope esperaba desde entonces, entre líneas de un texto cargado de estrellas. Y aunque todos hablaban de aquel tejido, su mayor trabajo fue secarse lágrimas para seguir tejiendo (algunas, en diamantes, se confunden entre las páginas).
esos que en escritos indican giros y cambios de argumento; aquellos que en conversaciones de chat anteceden palabras para saldar errores.
o una salpicadura, quizá de rocío, que fue empapando otros mundos no lingüísticos, mostrándose de tantas formas posibles según sea la intención. 
ése, que se coloca en la parte superior de la altura «x», como ascendente… después de todo es una estrella…
o simplemente una flor,
o simplemente una llamada*

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cuaderno amarillo lunares

Todo empieza fuera de los recuerdos; sigue con juegos, con eso que nos gusta, con todo lo que asoma en nosotros y empezamos a descubrir. Un proceso continuo nos atraviesa… y más acá, comienzan las decisiones, la búsqueda de lo desconocido… un camino que entendemos nuestro en cada confirmación y que lo sigue siendo en las decepciones. Lo mejor de todo es que aquel viaje se origina para nosotros, aún antes que nosotros. A ese andar debemos subir sea cual fuese la realidad del hoy, aún si la niebla cubriera nuestros ojos y la visión tardara por un tiempo; porque ahí, donde el cielo y la tierra se unen, comienza nuestro horizonte.

Este es mi cuaderno amarillo lunares; el color de sala y de mis “cinco” (viajaba en una bolsita de tela, junto al vaso plegable que lograba encerrar mi fascinación) y en una de sus hojas las letras de
“FLORENCIA”, pegadas y vueltas a pegar (recordé todo al verlas y ahí me encontré también, como en un viaje surreal; esos donde el tiempo puede ser maleable). Veo el sol en la ventana, el aula del jardín y me veo, ubicando cada forma recortada. Por el mismo pasadizo llego a mis casi “cuatro” (en casa) donde había empezado la escritura para mí, por curiosidad. Esa tarde, con letras de papel, además de escribir quise
“componer”… pegué la primera arriba, la otra debajo del renglón y la línea de base empezó a zigzaguear. Todavía estaba contenta, cuando la “seño” las despegó todas, para ordenarlas ella misma “como debían ir” . La entendí en respeto y sujeción, (porque hay tiempos para esto también). Así me veo parada junto a ella, mientras sus manos intervienen la obra, pensando convencida (aun en medio de mis inseguridades y del dolor que causa toda destrucción) que no me había entendido. De “parole en libertà” sabría mucho después, aunque eso también había sucedido.
Como si el tiempo se plegara en la dirección de regreso, me encuentro para encontrar este cuaderno; dejando en medio un gran paréntesis de historia. Me gusta la infinidad y esa guía que permite reunirnos frente a nuevos pórticos con los momentos y personas precisas (no hay azar). Agradezco los instantes de convicción profunda (como esa espera silenciosa, de pie junto a la maestra), sólo muestras del Espíritu; y los caminos para aventurarse, andar y desplegar. Porque así, sigo con juegos, con lo que me gusta, también con todo lo que surge en uno para continuar indagando. Como aquel tren, cuento breve y extraordinario de Dabove, o esa espuma de los días de Boris Vian… el tiempo va saltando estaciones por nosotros, llevándonos de primavera a otoño… no nos excede; nos contempla (debemos descansar en esto). Y en este ir y venir del tiempo me veo y pienso (hoy también entre letras), que sin saber bien cómo construir, aunque sabiendo por qué y para qué, aparecen todas las cosas. Como a esa nena que quería escribir, para después pegar e inventar formas nuevas… para hoy decir… para mañana…

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prosa de Otoño

Junté todas las hojas que cayeron en Abril y las palabras que nacieron mientras tanto. Lo seco cobró vida.
Las hojas se cargaron de letras y subí a colgarlas otra vez en aquel árbol para devolverle su favor; para que prendan; para que digan allá arriba; para que el viento las sacuda y lleve lejos; para que algún otoño caigan a tus pies y las desparrames al caminar, sabiendo que todo tiene sentido.
….

*así quedó mi lámpara: llena de hojas dispersas y suspendidas por un tiempo, nuevos textos que escribí y más caracteres.
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pedacitos de mundo (América)

Cientos de sellos en 6 sobres divididos por países. Exploré con ellos distintos contextos y reuní los traspapelados, para abrazar cada grupo con su respectivo continente.
El diseño de estampillas fue abriendo paso y multiplicando sus variantes a través de la historia. En filatelia hay quienes dedican su esfuerzo a series temáticas (hoy también, aunque no se escriba tanto y aunque las estampillas se usen cada vez menos). Pero, creo que es interesante la composición que arroja cada región en su conjunto, que al mismo tiempo es resultado del intercambio cultural entre distintas partes de nuestro globo; cruce de relaciones y vivencias, horas memorables y lugares; sucesos, personas y características propias de cada rincón; identidades que comenzaban a construirse para ser compartidas con el extremo equidistante; sellos y marcas de uso de una tierra que siempre quiso decir.
¿Cómo se ve el sol del otro lado?… el misterio de aquello que se desconoce, pero que también existe; las horas que son las mismas pero distintas… igual que las historias.

sobre 1 *América:

En estos sellos del siglo pasado se conmemoran visitas como la de Frondizi a Bolivia, y se habla de sus presidentes como Germán Busch y Gualberto Villarroel López; Brasil imprime a políticos y escritores como Campos Salles y Ruy Barbosa, también sus frutos como el abacaxi (ananá) y las riquezas de siempre de aquella tierra latinoamericana; Canadá presenta a reyes como Isabel II y Jorge VI del Reino Unido y estampillas con gansos en vuelo como parte de su fauna; Chile habla del centenario de la Biblia en español traducida por Casiodoro de Reina, hace un homenaje a la armada, presenta al cuerpo de bomberos de Santiago y conmemora el nacimiento del escritor Rubén Darío; Colombia cuenta de Jorge Tadeo Lozano; Estados Unidos destaca personalidades como Washington, Lincoln y Roosevelt y entre sus íconos populares: la estatua de la libertad; México vive los juegos olímpicos del 68 y muestra la arquitectura colonial de ciudades como Querétaro; Panamá expone el palacio de las artes; Paraguay presenta a Rubén Dario y Melvin Jones en el centenario de la epopeya nacional; Uruguay destaca a escultores, políticos, a su unidad militar de caballería, 100 años de agua potable en Montevideo, olimpíadas y campeonatos de ciclismo y personalidades como Damaso Antonio Larrañaga: responsable de la fundación de la Biblioteca Nacional y Universidad.
El papel que supieron desempeñar como naciones es también evidente en sus colores, diseño y vivencias.

★ más pedacitos de mundo

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de todos los colores, a vos

Un mensaje me trajo a las letras: y las letras me volvieron a las palabras: y ahora escribo bocetando signos para figurar ideas: y ahora escribo apuntando frases que mudarán en signos: letras de todos los colores que sepan llegar a vos.

foto: @srzalan 🙂
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línea sin fin

El horizonte, aunque lejano, también es firmamento; extensión bajo mis pies.
Es camino que conduce; suelo que antecede a las pisadas.
Línea de llegada que no es término; mas bien marca, que induce a cruzarse de un paso… para ser de nuevo línea.
El horizonte es esperanza, es meta, es arribo y de nuevo inicio; un recomenzar incesante.
Siempre es amanecer. Sólo espejismos de tanto en tanto; sutil división entre el cielo y el abismo.
De este texto, se desdobla una línea que nace con la primer palabra y se propaga hasta el «fin». Y donde ya no queden signos, permanecerá un renglón infinito; será el que asiente las letras de nuestra historia, escrita con el viento y la brisa que nos toquen la piel.

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pedacitos de mundo

Una caja de pañuelos finos industria argentina, puede convertirse en un tesoro. Sin desmerecer a los pañuelos (que también habrán tenido su historia que contar) y sin hablar esta vez de la industria, motor del progreso cuando es nacional; hoy me centro en ese estuche.
El diseño de la caja de cartón me remonta a la infancia de mi mamá y mis tíos en el barrio de sol de Llavallol.
Descubro esta caja justo ahora, guardada en un armario de madera, en uno de los cajones que tantas veces habrán usado mis abuelos. Estuvo ahí, a la vista, pero no la había visto hasta hoy. Y entre tantas cosas que compartíamos con mi tío, ésta, apareció cuando él se fue.
Soy de fascinarme por un retazo de cartón, por su diseño, su color amarillento, por las formas de decir del tiempo y todo lo ausente; eso que no tiene índices ni marcas que nos lleven a ninguna parte, pero que se abre en algún lugar del imaginario para remontarnos lejos. Lo que no se ve; el roce de una mano; el uso de las cosas y esa misma caja vinculada a otros, es tan interesante como verdadero, porque se compone de pequeños fragmentos que también supieron formar parte de una vida.
Cajas pequeñas, objetos, cosas… y esa caja de pañuelos, junto a dos antiguos relojes despertadores… hasta hoy adormecidos.
Reviso el exterior y aparecen algunos números; el trazo es de mi abuelo. Quito la tapa, que recorre la totalidad del contenedor, y aparecen las historias; enlazadas; infinitas.
Dentro, seis sobres pequeños que fueron blancos; perfume a papel añejo. Más adentro, centenares de papelitos de colores; pedacitos de mundo. Tanto para ver que, sin pensarlo, volví a guardarlo todo otra vez.

Hoy reanudo aquel momento mientras llueve y el viento arrastra las hojas de otoño allá afuera.
En estos rectángulos de papel se reunieron todos los nombres de países, sus identidades, sus colores, alfabetos e idiomas; todo lo que fueron y lo que habrían de ser; toda su cultura.
Se reunieron con el tiempo, por el ir y venir de las historias en cartas y por la inquietud de mi tío, de atesorar esos sellos… señales de viajes y palabras dichas.
Algunos sobres rotulados a máquina y otros por la mano de mi mamá, dan categoría a cada pieza; en tiempos donde todo el mundo era el propio barrio y sus relaciones; en barrios donde se viajaba sólo por medio de letras y se fabricaban sobres con cola para guardar estampillas. Lo tenían todo.
Por eso, también las figuritas llegaban de aquí y de allá.
Isolina, que escapando del franquismo llegó a la Argentina siendo adolescente, formó su vida a dos casas del “tesoro filatélico”… pero otra parte de ella quedó en España, entonces, tanto por decir a océanos de distancia.
Don Natalio, vecino contiguo, aportaba las de Yugoslavia o Jugoslavija en lengua croata y Југославија en alfabeto cirílico. Él había dejado su tierra para venir con sus padres y hermanos a nuestro país.
Desde el fondo del extenso terreno de huertas, gallinas y huevos (alambrado de por medio) Doña María acercaba las suyas que llegaban desde España.
También Ester, que vivió una vida de espera a casas de distancia. Llegó a saber que las visitas que recibía de chica eran las de su mamá; esa que le daba abrazos enormes; esa que tanto le gustaba. Y desde entonces, el vacío se convirtió en búsqueda y esa búsqueda en medios que permitieran hallarla; un hermano navegante al que esperaba tras cada viaje con noticias de puertos y entre tantas formas, las cartas.
La construcción era colectiva.
Sin contar aquellas de mis abuelos, las que recibían de sus padres y hermanos desde pueblos rurales de Buenos Aires. De no ser por la voz que traían las cartas cada vez que se abrían, la familia permanecía en el silencio de la distancia.

La mesa queda chica, extiendo aquel paño multicolor de países, mundo, historia y me sorprendo con sus tintes brillantes, presentes como el primer día. Días de tantos años atrás, de diseños que fotografiarían sucesos y de impresos que se dividirían en uno, dos, cien y miles de fragmentos por medio de una línea de puntos. Las perforaciones y los distintos métodos de dentado abrían camino a la multiplicación y ahí comenzaba el viaje y también el trabajo minucioso de los coleccionistas.
A mí, me sigue atrapando el diseño, sus movimientos y las historias de todos los colores que representan estos rectángulos diminutos.
Incluso aquellas, las rotas, imperfectas, descoloridas, que no valdrían para la filatelia. Me imagino las inclemencias del tiempo y la manipulación de los hombres en el trayecto; imagino todo por suceder tras la impronta de un matasellos; los mensajes latentes en papeles únicos y necesarios, urgentes; imagino los caminos surcados y los cielos abiertos para que las palabras lleguen… y encuentro en esas estampas un valor todavía más inmenso que aquel, el de la moneda que reflejan. Son signos de las memorias del hombre; de amores; de luchas; de batallas y victorias. Signos de construcción colectiva.
Por eso, permanecían guardadas; por eso, las encuentro justo ahora… en éste, un camino de diseño y letras que se va formando con los años. Por eso, ya estaban ahí… porque al que busca le es dada la facultad de encontrar; un mundo en un pañuelo y la construcción de tantos que continúa.

La gente dice que no vive de recuerdos, yo digo que sí.


★ más pedacitos de mundo

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