O P O R T U N I D A D

La oportunidad era el momento o la circunstancia oportunos para algo. Sin fin de oportunidades, sin fin de momentos.
Hasta que el hombre añadió conceptos y cosas que convirtieron la palabra en “deseo pomposo”, único e inalcanzable hasta por el mismo.
El trampolín de la OPORTUNIDAD se cargó de artefactos de peso que fueran los que pujaran… “tanto” que hiciera propulsarnos lejos, bien lejos y fuerte hasta el infinito, ese destino seguro. Estatus, estabilidad, recursos, relaciones, contactos, derechos, reconocimientos, afectos, y las palabras mágicas paz y amor… por qué no, añadiendo a esto un poco de viento a favor. Así, las condiciones serían favorables para muchos; muchos menos que la gran mayoría.

Es en estas fechas, cuando aparecen los balances, cuando medimos distancias, trayectos, comparamos condiciones, esfuerzos, puntos medios y marcas de llegada. Y cada quien sigue en su lugar, encontrándose ante momentos, etapas y contextos distintos que le son propios.
No todos nos paramos ante una misma circunstancia de igual forma porque nuestras competencias y nuestro historial varían. Pero todos, en cada etapa de la vida, y en todo espacio y condición tenemos la misma OPORTUNIDAD: ese momento o circunstancia oportuno para algo.

Disfrutá en la felicidad; descansá en la dificultad; sé libre para persistir en la cárcel; no ansíes la compañía sintiéndote aún más solo en la soledad. Recordá que en la angustia hay dolor pero no desesperanza y que aún en la sombra de muerte no será lugar para que el temor te venza, porque “tú estarás conmigo” resalta el Espíritu de Dios soplando con su vida sobre esos caracteres.
«No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare; por medio de la verdad traerá justicia».
Esta es la actitud de Jesús ante el hombre. No hay extremo, condición externa o interna que acaben con el alma cuando hay quien salve de ella.

Momento y circunstancia oportunos para algo. ALGO.

Andrés Neuman escribe en “El viajero del siglo” «La luna ganaba tamaño y se redondeaba igual que la mirilla de una puerta. Aunque […] nadie en todo Wandernburgo la miraba, como nadie miraba el reloj de la Torre de Viento ni reparaba en su aspecto de luna con agujas.
En las afueras, sentados frente a la boca de la cueva, Hans y el organillero sí contemplaban la noche […]
Las estrellas eran pocas y separadas, un soplido de sal. Ambos les prestaban atención de manera muy distinta. La expresión de Hans ante la inmensidad del firmamento sugería inquietud, alternativas, un porvenir incierto. El organillero asistía al horizonte como se mira un abrigo, un límite protector, un presente completo».

Cielo desde el Jardín. Última noche de Diciembre, 2017

Donde sea que te encuentres, aún hay cielo sobre tus ojos.

flor·

Compartir en ➵Email to someoneShare on FacebookTweet about this on TwitterShare on LinkedInGoogle+

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *