Madre e Hijo.

Una palabra. Un signo.
A partir de un significante, el soporte material de un signo, surge el significado, esa imagen mental.
Saussure definió la semiología como «la ciencia que estudia la vida de los signos en el seno de la vida social».
MADRE e HIJO como palabras, como significantes, sugieren aspectos totalmente dispares para la sociedad Argentina. Desde este lugar se establecen los discursos.

Millones de vidas dependen de un veredicto, de una sentencia, una palabra. Decisiones de hombres; tiempo atrás, voces latentes.
La palabra es dada a personas de esta generación y su discurso no tiene menor peso. En sus palabras, no se encierra tan sólo una idea o postura, sino una decisión que involucra la vida.
Por eso hablo desde las palabras, aquellas que fueron creadas para designar cosas concretas, aunque el significado varíe de acuerdo a la concepción de cada quien.
El eje de la cuestión no tiene que ver, en este caso, con meros argumentos. No se trata de vencer con la razón, sino de una búsqueda exhaustiva de la verdad, sin ambigüedades.

Afloran “palabras”… por estos días, se define el aborto como INTERRUPCIÓN siendo “interrupción” la detención de algo en el tiempo. INTERRUMPIR suaviza el acto de MATAR, quitar la vida, extinguir. La “interrupción” vincula únicamente a la madre en cuanto decisión de dar continuidad a su embarazo, y contempla la posibilidad de retomar la vida dentro de sí, en otro tiempo de acuerdo a su voluntad.
El término INTERRUMPIR aborta al niño, no repara en él; lo aniquila de antemano, reduciéndolo a la nada.

Por estos días de forma desafiante se oponen los términos LEGAL/CLANDESTINO, como si de antónimos se tratara. CLANDESTINO aparece como otro camino viable; no se somete a luz como ILEGAL, como penado por la ley, como cualquier acto delictivo.
La CLANDESTINIDAD, se emparenta a la POBREZA y la RIQUEZA al ACCESO, aunque ambos sean igual de transgresores. De igual modo el primer término supone RIESGO de vida para la madre, el segundo SEGURIDAD. Ambos MATAN, y la madre puede ser también MUERTA en las dos circunstancias con el riesgo quirúrgico propio de toda intervención.

Por estos días se habla de DERECHO como aquella facultad de exigir LIBERTADES que anulan los DERECHOS en otro. Así, la palabra VIDA, ya no supone lo mismo para dos seres humanos distintos.

La función de SALUD PÚBLICA se ve traspuesta, y se plantea la iniciativa de aborto LEGAL como parte de estas políticas. Esta ciencia, implica la protección, sustento y mejora de la salud de TODA la población humana y no sólo de una PARTE.

Se expone un EMBRIÓN/FETO como sin VIDA aunque EMBRIÓN se defina como ser vivo en primeras etapas de desarrollo.

Se pondera el PERMISO al aborto de países DESARROLLADOS, siendo “desarrollo” crecimiento, progreso, sinónimo de PERFECCIÓN. La mejora en aspectos físicos, intelectuales y morales, en cambio, no tiene que ver de ninguna manera con la MUERTE, con la extinción de la vida.

La madre, ya no es madre sino GESTANTE, el hijo, no más que un PUÑADO DE CÉLULAS.

Y en esa búsqueda de la verdad, «renacerán muchos vocablos hoy perecidos, y perecerán muchos que hoy están vigentes, cuando así lo quiera el uso, en cuyas manos están el poder de decisión, la ley y la regla»… pero la verdad seguirá siendo.

Si hablamos desde la etimología “madre” proviene del latín mater, matris. La idea principal ha de ser la de “origen”, así podemos verlo también en materies, “madera” -con la idea, inicialmente, de rama o tronco principal de donde salen las demás- y materia -de donde se origina algo.
Cuando nos referimos a la palabra “hijo” nos encontramos con el latín filius con el mismo significado. Su étimo está estrechamente relacionado con el verbo felare “mamar”, y con la raíz de femenina -originalmente la que amamanta-. En latín, tienen esta raíz indoeuropea dhe(i) mamar, además fetus cría, camada.
MADRE es una acepción tan antigua como el idioma, es origen de las generaciones. HIJO, se vincula estrechamente a la madre, desde el origen “feto” pasando por la etapa de amamantamiento y cría.

Afloran las palabras, pero MADRE e HIJO siguen siendo “MADRE e HIJO”, una relación intrínseca, necesaria, recíproca. Relación creada para generar vida y no muerte.

Concebir, es también formar una idea o designio en la mente. Somos concebidos en la mente como proyecto, potencia, y concretos, vivos, a través de la unión de hombre y mujer -cada quien con su fin y propósito en esta tarea de crear-.
Como individuo el hombre es único e irrepetible, en tanto cuerpo, alma y espíritu. Cada uno “es” porque fue concebido, creado, más allá de las condiciones o causas de origen; porque la concepción va más allá del acto sexual y posterior formación, habla del propósito de una persona en un tiempo y espacio determinados y se sitúa por encima de la voluntad del hombre.

Escribo esta defensa y a través de cada caracter, de cada secuencia de sonidos, comienzan a surgir las palabras que devienen en voz. Voz que expresa, hace tangible, e intenta perpetuar esa reverberancia; el eco del ritmo de un corazoncito que hoy no tiene poder para hacerse escuchar. Hoy menos, entre tanto ruido.

Leí por estos días una carta que comenzaba con el currículum extenso de una profesional médica y que casi al concluir planteaba:
«A diferencia del feto, la mujer tiene una presencia en la sociedad y debe ser respetada como tal».
Vivimos tiempos de oscuridad, signo de la desorientación. Las evidencias cuentan las muertes de mujeres y niños, tras considerarse el ABORTO como hecho natural y ser presentado socialmente como camino viable, sea ilegal o legalmente.
Escuché también el llamado a legislar sin intervención de la RELIGIÓN. Es que toda creencia, normas o comportamientos son ciegos si nacen y mueren como mera doctrina, eso es RELIGIÓN.
La problemática, en este caso, sería apartar al Dios que citamos como argentinos en nuestra constitución nacional, desatendiendo la urgencia de un pueblo que gime por dirección.
«Para que así, sigamos promoviendo el bienestar general, asegurando los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad; […] Invoquemos la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia».

El amor a la vida es promesa para las próximas generaciones, es triunfo por sobre la tragedia, por sobre el dolor y por sobre la muerte.
#salvemoslas2vidas

Florencia.

Logotipo diseñado por Herb Lubalin y Tom Carnase en 1965.

 

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