con 25 soldados de plomo… he conquistado el mundo

❋ «Con 25 soldados de plomo… todas las alturas, profundidades y extensiones de las cosas tangibles y naturales -paisajes, puestas del sol, la fragancia del heno, el zumbido de las abejas, la belleza que pertenece a los párpados (y que falsamente se atribuye a los ojos); todas las emociones inmensurables e impulsos de la mente humana, que parece no tener límites; ideas y cosas feas, terribles y misteriosas que como las bellas- están conseguidas, limitadas, ordenadas por un frívolo montón de letras. ¡Veintiséis signos!. El material completo de mi hijo de seis años y de Shakespeare. Dos docenas de garabatos donde elegir.
Ellos son iguales para los grandes creadores y para nosotros.
Ellos son la llave de la eternidad, peldaños de piedra que nos acercan a las estrellas».

Un fragmento de Typography por Francis Meynell -Pelican Press, 1923-, en una pieza que diseñé para el espacio de mi escritorio.

en ese objeto vivirá la poesía

Un fragmento que hoy vuelvo a encontrar, transcrito en uno de mis cuadernos.

Día mundial de la Poesía.

❋ «[…] Porque la verdad, si esto sigue, los poetas publicarán sólo para otros poetas… cada uno sacará su plaquette y la meterá en el bolsillo del otro… su poema… y lo dejará en el plato del otro… Quevedo lo dejó un día bajo la servilleta de un rey… eso sí valía la pena… O a pleno sol, la poesía en una plaza… O que los libros se desgasten, se despedacen en los dedos de la humana multitud… Pero esta publicación de poeta a poeta no me tienta, no me provoca, no me incita sino a emboscarme en la naturaleza, frente a una roca y a una ola, lejos de las editoriales, del papel impreso…
La poesía ha perdido su vínculo con el lejano lector… Tiene que recobrarlo… Tiene que caminar en la oscuridad y encontrarse con el corazón del hombre, con los ojos de la mujer, con los desconocidos de las calles, de los que a cierta hora crepuscular, o en plena noche estrellada, necesitan aunque sea no más que un solo verso… Esa visita a lo imprevisto vale todo lo andado, todo lo leído, todo lo aprendido… Hay que perderse entre los que no conocemos para que de pronto recojan lo nuestro de la calle, de la arena, de las hojas caídas mil años en el mismo bosque… y tomen tiernamente ese objeto que hicimos nosotros… Sólo entonces seremos verdaderamente poetas… En ese objeto vivirá la poesía…»
Pablo Neruda.