QUE VUELVAN LAS CARTAS

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Florencia Suárez · Postales del Siglo, en el marco de "¡Que vuelvan las cartas!.

 

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POSTALES DEL SIGLO.

¡Que vuelvan las cartas! es un llamado a la escritura manual, al contacto del puño con el soporte, a la fragancia azul de tinta inundándolo todo.

 

Los 90´s fueron revolucionarios, quienes vivimos este tiempo fuimos testigos de cambios abruptos en los modos de hacer; del cassette a listas de reproducción que nos acompañan en el bolsillo; del disckette a un pendrive, o a los modos de almacenamiento en línea -donde guardar y compartir cientos y miles de kilómetros de información-; de la voz al otro lado del teléfono, a conversaciones por medio de texto o videollamadas al otro lado del globo.

Los modos de decir cambiaron, porque cambiaron las comunicaciones…

En los 90´s quizá las cartas tampoco eran tan usuales, sino correspondencia por notificaciones, impuestos, papelería. Se extinguían aquellos mensajes en la distancia, profundos de amor; aquellas inquietudes de familiares esperando por noticias; o líneas simples, descriptivas, contando momentos, formas de ver, detalles de atención a lo cotidiano.

Sin embargo, siempre encontré en las cartas “eso” que comenzaba a d e s a p a r e c e r…

La escritura seguirá mutando, transformándose, porque lo escrito permanece. Hoy hablamos de escritura “digital”;  tipeamos, tocando letras predefinidas que acomodamos a nuestro antojo; y está bien. La escritura y el mensaje permanecen, pero “eso” ha desaparecido, y lo que es desaparecido no es conocido por las nuevas generaciones.

 

Escribir un mensaje de tinta es volcar al papel no sólo lo por decir, sino la impronta de aquel quien escribe. Trazar un camino de tinta es explotar en el aire gotitas azules, que se confunden con las partículas de polvo y de tiempo.

Es sentarse con atención, detenerse a querer contarle el mundo al otro; involucrarlo en mi mundo y formar parte del suyo. Extenderse, llenar papeles en blanco; nada es demasiado porque aquello que se envía es esperado. No hay infinidad de discursos o relaciones, sino la importancia de aquella, la nuestra.

Todo está implícito. El saber esperar de quien escribe; comenzar y recomenzar, seleccionar palabras, pasar en limpio, revisar y confirmar la conclusión. El saber esperar de quien recibe; papeles que surcan los mares y vuelan los aires atravesando la historia.

Ellos llegan a destino y traen consigo, como impregnado en unos pocos centímetros, el mundo todo y parte de su autor. La espera, vale.

El aroma de una carta, su caligrafía, la presión de la herramienta, el color del papel y la tinta, una firma, su sobre, el color de su sobre y sus sellos… texturas, sonidos, olores, lágrimas y sonrisas… saber que en mis manos está un fragmento del otro, tocado también por sus manos... que su silencio al decir es el mismo que el mío ahora donde todo se detiene. Porque todo se detiene, la historia se recorta y pega en un rectángulo para siempre. Y en él, la precisión de una mano, sus ojos, los sentimientos del hombre, su tiempo y su vida.

Todo esto es “Eso”, que no debe desaparecer.

 

flor·

 

 

Te presento las primeras propuestas que surgieron de este pensamiento. Estuve trabajando en ellas para que vos también te sumes, y entre todos persigamos este objetivo:

¡Que vuelvan las cartas!.

 

 

CÓMO LO LOGRAREMOS...

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Florencia Suárez · Mil gracias, en el marco de "¡Que vuelvan las cartas!.
Florencia Suárez · Postales del Siglo, en el marco de "¡Que vuelvan las cartas!.
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